Con innovaciones se avanza hacia sistemas agroalimentarios y economías de base biológica

Por : Redacción – BIBO El Espectador Andrés Díaz

Fecha: 17 Agosto 2023

Con la implementación de pilotos de co-diseño y evaluación de innovaciones técnicas se busca mejorar la productividad, competitividad y resiliencia climática de los sistemas productivos en Sur del Meta, Chocó y Caquetá. A su vez, innovaciones sociales, organizacionales e institucionales, favorecerán su apropiación por parte de los productores en ambas regiones.

Aunque Colombia es un país muy rico en biodiversidad, el desarrollo de productos de base biológica y servicios basados en el uso sostenible del capital natural, que hacen posible que se contribuya a la diversificación de la economía nacional y a la generación de valores agregados y nuevos empleos, sigue siendo baja, dadas las limitaciones en investigación y desarrollo tecnológico y las dificultades institucionales, económicas y sociales en posicionar una bioeconomía.

Las comunidades rurales han estado practicando agroecología por mucho tiempo, sin embargo, este conocimiento no trasciende de lo local y ese bagaje de saber no se logra incorporar somo soporte en los procesos de desarrollo productivo. Regiones como la amazónica, no avanzan significativamente en lograr seguridad y soberanía alimentaria; dependiendo de productos agrícolas de otras regiones del país.

Institucionalmente, los esfuerzos para apoyar la agroecología con lo último en innovaciones tecnológicas, visiones y enfoques novedosos, no son comunes en el país. Experiencias a nivel global, han demostrado que por medio de la implementación de innovaciones agroecológicas y bioeconómicas, complementadas con innovaciones organizacionales, se fortalece la creación de riqueza rural y empleos verdes, dando atención a poblaciones y áreas vulnerables.

De otro lado, la agricultura aporta cerca del 58% del total de las emisiones de gases efecto invernadero del país, especialmente en las zonas de frontera forestal.  La deforestación de selva amazónica para establecer pastos y criar ganado bovino, continúa siendo uno de los grandes retos ambientales.  La transición hacia sistemas agroalimentarios, basados en prácticas agroecológicas y bienes y servicios de la  biodiversidad, es una de las columnas estructurales de una estrategia para reducir las altas tasas de pérdida de bosque amazónico.

Es así como fortalecer las capacidades de los territorios para co-diseñar y evaluar innovaciones  tendientes a promover las transiciones agroecológicas y bioeconómicas junto a las comunidades, es una de las tareas que se realiza desde el proyecto ABRIGUE, a través de una alianza intersectorial liderada por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI, con la financiación de la Unión Europea y la participación de la Corporación colombiana de investigación agropecuaria – AGROSAVIA, el Ministerio de Ciencias, el French Agricultural Research Centre for International Development – CIRAD y la Universidad Tecnológica del Chocó – UTCh.

Para lograr su propósito, se requiere actuar a escala local en los nichos de innovación con los productores y actores de las cadenas; como a nivel de los sistemas de innovación territorial y nacional enfocadas en ajustar las políticas, normatividad, incentivos y mecanismos financieros que permitan la adopción de las innovaciones. 

Otra característica de la intervención es su carácter multiactor; donde académicos, productores, instituciones, gremios productivos y comercializadores, analizan y participan en red para diseñar estrategias que permitan promover la agroecología y la bioeconomía.

A nivel local, el proyecto ABRIGUE ha priorizado cadenas de valor en donde se están implementando pilotos de innovación. Comunidades de Caquetá, sur del Meta y Chocó formulan estrategias agroecológicas y bioeconomicas (AEBE) a partir de las cuales iniciar su transición productiva que respondan a las particularidades ecosistémicas que los caracterizan.

“Nosotros estamos empezando a implementar una propuesta de trabajo novedosa con las comunidades alrededor de las cadenas de valor”, explica Julián Vivas, ph.D. en agroecología e investigador del Ministerio de Ciencias. La propuesta contempla no solo innovaciones técnicas, sino también innovaciones sociales y en la estructura pública, generando un sistema que pueda ser escalado a otras comunidades.

En el caso de las innovaciones técnicas, explica Vivas, se trata de realizar un proceso de diálogo entre comunidades e investigadores, con base en el que se puedan diseñar procesos que permitan mejorar las cadenas de valor. Además de esto, se trata de identificar cadenas de valor complementarias dentro de un producto en particular, que permitan generar ingresos adicionales a la vez que contribuyen a la disminución del impacto medioambiental del sistema productivo.

La canangucha, por ejemplo, que es el fruto de las palmas que conforman los morichales (conocidas también como palma canangucha), es una cadena de valor que normalmente desecha el 95 % de lo que se cosecha, producto de su procesamiento.

Uno de los pilotos de innovaciones AEBE que se está implementando en Caquetá consiste, justamente, en aprovechar la biomasa contenida en la pulpa que recubre la semilla. De esta manera, se utiliza algo que normalmente se convierte en residuo, generando gases de efecto invernadero en su proceso de descomposición, para producir aceite y alimento para animales.

Aparte de contribuir con el cuidado del suelo para garantizar su productividad hacia futuro, también es una forma de generar otras fuentes de ingresos para las mujeres de la Asociación de Mujeres Rurales de Colombia y el Caquetá (ASMUCOCA) que actualmente se dedican al aprovechamiento sostenible de las poblaciones naturales de la misma como un producto no maderable del bosque (PNMB).

El piloto del copoazú y del cacao, frutos amazónicos, también tiene un proceso similar. Las cacotas, o cáscaras, corresponden al 30 % del fruto, por lo que se está implementando una innovación a partir de la cual se procesan y se hacen biofertilizantes sólidos, “una nueva fuente de ingreso y beneficios para los asociados en sus propios cultivos”, explica el Instituto SINCHI.

En cuanto a los pilotos para las cadenas de valor de coco y vainilla en Chocó, los productores han definido innovaciones que inciden en varios eslabones de la cadena.  Incluyen manejo de plagas y enfermedades, fertilización de los cultivos, polinización, manejo post cosecha y calidad de los productos.  Por otro lado, los pescadores artesanales se enfocan en innovaciones que permitan el manejo sostenible del recurso pesquero, las artes de pesca y un sello de certificación de la Zona exclusiva de pesca artesanal (ZEPA).

Estas innovaciones técnicas tienen un impacto que se relaciona con el producto y, a su vez, representan una mejora para sus productores. En el caso del coco, el piloto busca mejorar la asociatividad entre las personas involucradas en la cadena de valor, con el fin de fortalecerla. Y en la vainilla, se espera que la estandarización de la calidad resulte en mejoras en la interrelación entre los productores y sus clientes actuales y potenciales.

Las innovaciones técnicas van acompañadas de innovaciones sociales y organizacionales, como explica Vivas, “incluyen formas de gestión del territorio, formas de organización comunitaria, creación de redes, fortalecimiento de capacidades. Todo esto permite que esas innovaciones técnicas sean realmente apropiadas y perduren en el tiempo más allá de la permanencia del proyecto en los territorios”.

La transformación social, además, se acompaña de formas eficientes y justas de producir a partir de sistemas agroecológicos y economías circulares. Esto lleva a los territorios justicia inclusiva en términos de género y le da a las comunidades la posibilidad de incidir en la creación de las políticas públicas en las que están involucradas.


Redacción – BIBO El Espectador

Andrés Díaz